Solo Aquí, entre Tú y Yo~
Locuras, melancolias y hechos propios dramatizados y exagerados a traves de palabras bonitas. Incoherencias y secretos entre la Luna y yo, que se han hecho palabras y se han posado aquí, cual Mariposa en una flor de Primavera.
lunes, 30 de agosto de 2010
~
Tengo tantas ideas, palabras, canciones, voces internas, imágenes, atoradas en mi garganta, que no salen más que incoherencias ~
Me he repetido tantas veces, una y otra vez, como mantra personal:
"Whatever, da lo mismo!"
domingo, 29 de agosto de 2010
Toc Toc Romanticismo estás aún por ahí?
¿Dónde quedó el romanticismo?...
¿Desde cuándo, desde dónde, por qué se perdió el esperar, el amar lentamente, el desear prolongar cada momento, el nerviosismo antes de un primer beso?
Ahora todo es diferente, culparé a la globalización, a las tecnologías, culparé a los humanos por querer ser máquinas y obligarnos a serlo.
Ahora las nuevas generaciones están (la mayoría [y lo digo por ellos, porque yo soy un espectro que se cree abuelita y solo quiere, como dicen por ahí "tomarse un tecito con el viejo y disfrutar de su compañía"]) están tan acostumbrados a lo inmediato, a que todo sea instantáneo, al microondas, a las tareas hechas de ya por wikipedia, al metro veloz, a la comida preparada, a la "comunicación" instantánea, todo rápido, todo listo, todo en bandeja y sin el mayor esfuerzo. He ahí, en la revolución tecnológica, o incluso en la revolución industrial, que se pierde el romanticismo.
Ahora post reggeton, las niñas se entregan instantáneamente, tratan de tirarse les encima a los niños, se prostituyen para poder ser parte de alguien más, para pertenecer[le] a una comunidad, para que este mundo que nos ha dejado tan solos nos ayude de [cualquier] forma a dejar de estarlo.
Pero, ¿qué puedo hacer yo con esto? Dejarme llevar por el ciclo de mi vida amorosa, y seguir con el coqueteo, pero a la vez con el miedo de verme demasiado seria y anticuada por querer lentitud, por querer cuidar mi corazón, por querer hacer bien (a mi modo) las cosas, por querer simplemente sentirme como una niña pequeña que tiene nervios al verlo, que quiere solo tomarle la mano, reteniendo ahí las mariposas, bajo un campo de estrellas.
28/08/10
Parte del ciclo

Fue hace un año ya, fue parte de un ciclo, fue lindo, pero extraño mientras duró (debo admitirlo).
Extraño tantas cosas de él (sus rizos, sus ojos, sus expresiones indescifrables, su olor, su polerón que lo hacía resaltar entre los espectros de la plaza en la que nos reuníamos, su sonrisa, su alma un tanto anarquista, etc) y extraño también estar con él, tomarle la mano, acariciar su pelo, mostrarle Mi ciudad, Mis espacios, extraño el sonido de su latir, extraño su mirada diciéndome: "deja de pensar y siente, déjate llevar" que me quitaba el miedo a todo y a todos. Por eso y más, lo extraño, por eso es inevitable que lo busque con la mirada en esos lugares, que lo añore en recuerdos, porque aún lo quiero, pero ya no como antes.
~
viernes, 27 de agosto de 2010
Y donde quedó el romanticismo?
Lento quizá, la palabra debería ser más que eso, quizá buscar su esencia, su existencia o lo que quiera que se le busque según Aristóteles, Platón y muchos otros que pensaban parecido a mi, pero mucho menos complicado.
Quiero que este ciclo se rompa, quiero dejar de llevarme por el karma, pero quizá no quiero eso, y quiero quererlo. ahora, he ahí el problema (?)
Ahora, lo que si tengo claro es que Julieta Venegas ha pasado a ser mi copiloto diario en las micros mientras pienso tonteras, canto un tanto su canción y se me bajan las revoluciones. Pero ché! no vamos a negar que es bastante entretenido volver al campo e las batallas rosas, que se meten en la cabeza, te revuelven y te hacen perder la rutina un rato. Quizá tan solo quizá quiero diverterme? quizá quizá quizá, quiero ser adolescente ... pero NO!
de inmediato algo me dice PARA! me dice mi conciencia? mi otro yo? mi lado A, B, C, que sé chó! que si me quejo de que solo se preocupan las personas de el ahora, y no saben dejar un legado, y por ende destruyen el futuro y lo hacen más y más indeseable, no puedo contradecirme y andar como e Cura Gatica.
Ni si quiera sé que estoy hablando, solo que me he contradecido mucho, en muchas lineas, y quizá deba decirme, como una letanía constante : Maffe, lento, Maffe, será más bonito, maffe, piensa en ti y no pienses en el miedo :) Maffe, cortala! Maffe, no me mires así! Maffe... donde quedó tu personita especial que seguía pensando en las rosas rojas bajo las estrellas, de la mano con mariposas encerradas entre dedos? Vuelve a ser tú y deja que vuelva el romanticismo, no seas una masa, sé tú : )
Y yo caeré de nuevo, en la paz y me daré cuenta que siempre tengo razón, pero debo aprender a hacerme caso.
jueves, 12 de agosto de 2010
Aún hay miedo
Aún duele.
Aún tengo canciones prohibidas, caras que no debo voltear a mirar, voces que no debo escuchar por más del tiempo indicado por los lagrimales que advierten con rigurosidad.
Es el miedo que aún se incrementa cada noche, antes de apagar los ojos, ese monitor que me hace ver cada cosa.
Aún son personas que incomodan, son letras de canciones que estuvieron dándome su hombro mientras nadie más lo estuvo, es aún el dolor el que da miedo, es aún la soledad, la incertidumbre, tanto ...
Es más aún el tomar la estúpida y orgullosa decisión, de alejarme de las personas que más necesito, cuando veo que no me están buscando, que no me están dando apoyo, cuando veo que me siento débil y se desvanecen entre mis gritos de auxilio.
(¿Todo de nuevo? eso me da miedo)
Es que he vuelvo a la incoherencia, corto el hilo y no lo puedo volver a anudar.
Son esas canciones alegres, esas que se supone debían subir el ánimo y lo único que hacían era a minorar al cantidad de h2o con sal que expelían mis ojos.
No soy fuerte, y el letargo me absorbe.
Sabes? hay algo que me duele y es que no estés acá, conmigo, cunado más te necesito, cuando deberías darte cuenta que te necesito, cunado te lo he gritado de mil formas, cuando tengo que meterte la idea por una oreja y tapar la otra, más que eso, es que seas solo tú la que me pueda necesitar, seas solo tú la que me pueda contar tus cosas, solo hablar, solo hablas, y no puedes escucharme. Es por eso que huyo cuando en ti surge un extraño acto de solidaridad y decides preguntar que es de mi vida. Me duele creo que HOY es lo que más me duele, peor siego siendo tonta y seguiré a tu lado, porque te quiero, pese a que me hagas sentirme así, pese a que me hagas daño, pese a que seas parte de esas canciones que llenaban mis días nublados con letras sin orden y abstractas. Está mal, lo sé, pero es parte de mi.
Aunque... aún duele y aún hay miedo.
No me dejes caer, y promételo en serio
jueves, 29 de julio de 2010
Pedro Páramo - Extracto
"...Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace..."
"Luego vino aquel mareo, aquella confusión, el irse diluyendo como en agua espesa, y el girar de luces; la luz entera del día"
"...¿Qué haré ahora con mis labios, sin su boca para llenarlos?"
Juan Rulfo
sábado, 24 de julio de 2010
!
MIERDA! NO quiero ser Psicóloga, quiero ser Diseñadora de interiores .-.
martes, 20 de julio de 2010
Una lástima
Modorra SAL!
Y de pronto me vi encerrada en mi casa, frente al computador, con un dolor de cabeza, de cuerpo y quien sabe, quizá también de alma.
Sentí esa soledad, ese sentimiento horrible de estar fuera de contexto y un tanto vacía.
Un vacío de personas, sentir que me hacen falta mis amigas, que quizá no están por mil motivos o están cada vez más lejos, sentir que están todos con corazones en la cabeza, menos yo, sentirse fuera de contexto me hizo enterrarme en al cama y hacerme desaparecer, enredarme entre las sábanas y sentir que he caído de nuevo por culpa del ocio que me permite hacer nada, y es eso lo que me preocupa ahora. Saber que no hago nada, NADA, que me desespera no tener por qué salir de mi pieza, puesto que después de unos días, cunad tengo al oportunidad de salir, de levantarme y darme energía, lo pospongo todo y me doy la vuelta, me vuelvo a tapar y cierro los ojos, hasta el otro día.
Necesito salir, peor con ayuda. Extraño a mi gente, pero necesito más tiempo aún.
Pasó lo que dije que pasaría, perdí el tiempo preciado que me otorgaban las vacaciones para repasar las guías de preu, para revisar los cuadernos, para leer (aunque es lo único 'productivo' que he hecho), y pasó lo que sabía pasaría, me excusé mil veces con el 'es que debo descansar' y 'las vacaciones son para eso', etc con tal de no ponerle fin a mi pereza.
La modorra me contuvo durante más de una semana y ahora quiero impedir que se me pegue por más tiempo, así que mañana saldré de la cama y espero volver con más ganas a clases y no con la depre pegada a mi cabeza. (No de nuevo)
Modorra SAL!
domingo, 18 de julio de 2010
El elefante encadenado - Jorge Bucay
[extracto]
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huír.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: - Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree - pobre - que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente este registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
[Me llegó al alma]
A la luz
Una nueva faceta oculta se hace pública.
Si desaparezco de aquí es porque me preocupé de ser yo un rato, y luego volveré para guardar las apariencias de mi esencia.
domingo, 27 de junio de 2010
Ché, sos un boludo!
Y es como falso, ese caminar tuyo, casi forzado.
Esos ojos de color extravanate, que me hace sonrojar irreversiblemente.
Y es falso, más falso aún que mis cabellos, que tu mirar se haga frío e inerte, si ambos sabemos que no sos así.
Eres falso, sí lo debés reconocer, pues yo sé que te conozco, sin que me debás de anunciar cada pálpito de tu ser.
Sabés que sos falso, como sabés que sos real en el centro de tu alma.
Sabés que te quiero? sabés que te quiero así, real, falso y un poco forzado.
Por eso podés decirme que me odias, pero sé que ne el fondo, solo sos palabras, solo sos letras tácitas en un cuadrado que se ha transformado en otras mil figuras geométricas.
Esto es todo mentira, pues ya no te creo, son tus presurosos comentarios sin intención más de agobiarme, me divierten y aveces, no tanto.
Podés decirme que me valla hasta el fin del cosmos, pero yo con placer y sin quejas tomo mi maletas y me voy a la Luna, una residencia que pocos apreciamos de la misma forma.
Así que podés irte y venir, pues no serás llamado nunca, podés enojarte y enamorarte, pues no serás incitado nunca, podés golpearme o abrazarme, pues no serás forzado nunca, podés ser libre o rehén, pues no serás libre nunca.
Podés, mas no lo sos, no sos más que un pendejo con ganas de jugar a la suerte de la ruleta con una vida ajena y dos dedos de frente. Sin ánimos de confundirte con acentos externos ni con la complejidad de la abstracción que pueda tratar de lograr con mis palabras, debo aceptar que quiero dejarte aquí, donde te lees.
Si tratás de mentirme, mas no te salen sino adagios para el campo de las imbecilidades.
Lamentando aburrir tu alma, mas lamentando más que el en reflejo de estas palabras hacer desaparecer todo espíritu de luz anclada en la memoria.
Que te reprima en lo adyacente a mi, no significa que te reveles en lo irreal de mi imaginación.Que ahí y solo ahí, te pueda palpar como desierto, rozar las palabras que salen de tu boca agria, calzar las caricias manoseadas por recuerdos ventosos de ayer.
Y hay más, siempre hay más...
Mención especial a la película : "El Lado Oscuro del Corazón"
lunes, 21 de junio de 2010
Again ~
Su voz, su mirada, sus gestos característicos, su voz, llamaron al hielo a recorrer su cuerpo y quedarse provocando tiritones. Esa capacidad poderosa de provocar cuando no se debe y en el momento menos inesperado esos golpecitos sonoros dentro de una caja llamada por algunos toráxica.
Aún quedan resquicios de escombros de aprecio, quizá cariño.
Una Mujercita
"Es toda una mujercita; aunque muy delgada, suele además usar un corsé ajustado; la veo siempre con el mismo vestido gris amarillento, algo así como el color de la madera, adornado discretamente con borlas en forma de botón, de igual color; siempre sale sin sombrero, el rubio cabello opaco y lacio es ordenado, pero también muy suelto. Aunque está encorsetada se mueve con agilidad, y a veces exagera esa facilidad de movimiento; le gusta llevarse las manos a la cintura y girar el torso hacia uno u otro lado, con asombrosa rapidez. Apenas puedo dar una ligera idea de la impresión que me causa su mano, si digo que jamás he visto una cuyos dedos estén tan agudamente diferenciados entre sí como la suya; y sin embargo no presenta ninguna peculiaridad anatómica, es completamente normal.
Ahora bien, esta mujercita está muy descontenta conmigo, siempre tiene algo que objetarme, siempre cometo toda clase de injusticias con ella, cada paso mío la irrita; si la vida pudiera cortarse en trozos infinitesimales y cada pedacito pudiera ser juzgado, estoy seguro de que cada partícula de mi vida sería para ella motivo de disgusto. A menudo he pensado en eso: ¿por qué la irrito tanto? Podría ser que todo en mí ofendiera su sentido de la belleza, su idea de la justicia, sus costumbres, sus tradiciones, sus esperanzas; hay naturalezas humanas muy incompatibles, pero ¿por qué se preocupa tanto por eso? No hay en verdad ninguna relación entre nosotros que la obligue a soportarme.
Debería decidirse a considerarme un perfecto desconocido, lo que en realidad soy, teniendo en cuenta que semejante decisión no me molestaría, más bien se la agradecería mucho, sólo debería decidirse a olvidar mi existencia, una existencia que nunca quise obligarla a soportar, y jamás querré; y evidentemente, todos sus tormentos terminarían. Hago total abstracción de mis sentimientos y no tengo en cuenta que su actitud también es para mí, naturalmente, muy dolorosa, y no lo tengo en cuenta porque reconozco perfectamente que mis molestias no son nada al lado de sus sufrimientos. De todos modos, siempre he sabido que esos sufrimientos no son causados por el afecto; no le interesa en absoluto mejorarme, y además todo lo que en mí le desagrada es justamente lo que menos puede impedirme mejorar. Pero tampoco le importa que yo progrese, solamente le importan sus intereses personales, que consisten en vengarse de los sufrimientos que le provoco, e impedir los sufrimientos con que pueda volver a amenazarla. Ya una vez intenté indicarle la mejor manera de poner fin a este resentimiento perpetuo, pero sólo logré suscitar en ella tal arrebato de furor, que nunca más repetiré esa tentativa.
Además, esto representa para mí, si así puedo decirlo, cierta responsabilidad, porque por menos intimidad que haya entre la mujercita y yo, y por más evidente que sea que la única relación existente es la irritación que le produzco, o más bien la irritación que ella permite que yo le produzca,no por eso puedo sentirme indiferente ante los visibles perjuicios físicos que le produce. De vez en cuando, y estos últimos tiempos más a menudo, me llegan informes de que esa mañana amaneció pálida, insomne, con dolor de cabeza y casi incapacitada para el trabajo; esto hace que sus familiares se pregunten perplejos cuál será el origen de esos estados, y hasta ahora no lo han descubierto. Sólo yo lo sé, es la antigua y siempre renovada irritación. Claro que no comparto totalmente las preocupaciones de sus familiares; ella es fuerte y resistente; quien puede enojarse hasta ese punto, puede con seguridad también pasar por alto las consecuencias del enojo; hasta tengo la sospecha de que ella -por lo menos a veces- simula sufrimientos para dirigir hacia mí las sospechas de la gente. Es demasiado orgullosa para decir abiertamente cómo sufre por culpa de mi simple existencia; recurrir a los demás contra mí le parecería rebajarse a sí misma; sólo la repugnancia, una incesante repugnancia que no deja de impelerla, consigue que se ocupe de mí; discutir abiertamente algo tan impuro le parecería demasiada vergüenza. Pero también es demasiado para ella callar constantemente algo que la oprime sin cesar. Por eso prefiere, con astucia femenina, un término medio: callar, y sólo mediante las apariencias exteriores de un sufrimiento oculto, llamar la atención pública sobre el asunto.
Tal vez espere, posiblemente, que en cuanto la atención pública fije en mí todas sus miradas, se concrete un rencor general y público, y con todos sus vastos poderes éste consiga condenarme definitivamente, con mucho más vigor y rapidez que sus relativamente débiles rencores privados, entonces se retiraría de la escena, respiraría con alivio y me volvería la espalda. Ahora bien, si estas son realmente sus esperanzas, se engaña. La opinión pública no la sustituirá en su papel; la opinión pública nunca encontraría en mí tantos motivos de reproche, aunque me estudiara a través de su lupa de mayor aumento. No soy un hombre tan inútil como ella cree; no quiero exagerar mis méritos, y mucho menos cuando se trata de este asunto; pero si no llamo la atención por mis condiciones extraordinarias, tampoco la llamo por mi falta de condiciones; sólo para ella, para sus ojos llameantes y casi lívidos de ira, soy así; no podrá convencer a nadie más. Por lo tanto, ¿puedo sentirme por completo tranquilo en lo que a esto respecta? No, tampoco; porque cuando sea realmente de conocimiento público que mi comportamiento está provocando positivamente su enfermedad, y algún observador, por ejemplo mis más activos informadores, estén a punto de advertirlo, o por lo menos adopten la actitud de advertirlo, y la gente venga a preguntarme por qué hago sufrir a esta pobre mujercita con mis acciones incorregibles, o si tengo la intención de llevarla a la tumba, y cuándo llegará el momento de mostrarme más. Por lo tanto, ¿puedo sentirme por completo tranquilo en lo que a esto respecta? No, tampoco; porque cuando sea realmente de conocimiento público que mi comportamiento está provocando positivamente su enfermedad, y algún observador, por ejemplo mis más activos informadores, estén a punto de advertirlo, o por lo menos adopten la actitud de advertirlo, y la gente venga a preguntarme por qué hago sufrir a esta pobre mujercita con mis acciones incorregibles, o si tengo la intención de llevarla a la tumba, y cuándo llegará el momento de mostrarme más sensato y de demostrar suficiente compasión para poner fin a todo eso; cuando la gente me haga esta pregunta, me costará bastante responder. ¿Confesaré francamente que no creo en sus síntomas de enfermedad, lo que producirá la desagradable impresión de que para librarme de mi culpa culpo a otro, y justamente de una manera tan poco galante? ¿Y cómo podría decir abiertamente que yo, aun cuando creyera que ella está realmente enferma, no siento un poco de compasión, que la mujer en cuestión es para mí una perfecta desconocida, y que la relación que existe entre nosotros es pura invención de su parte y totalmente inexistente? No digo que no me creerían; más bien ni una cosa ni la otra; no se tomarían el trabajo de dudar; simplemente, se tomaría nota de la respuesta relativa a una mujer débil y enferma, y esto no me haría mucho honor. Tanto con ésta como con cualquier otra respuesta, chocaría inevitablemente con la incapacidad de la gente de impedir, en un caso como éste, la sospecha de una relación amorosa, aunque es más evidente que la luz del día que semejante relación no existe, y que si existiera, se originaría más bien en mí y no en ella, ya que realmente yo sería muy capaz de admirar en esta mujercita la potente rapidez de sus juicios y la infatigabilidad de sus conclusiones, cuando esas mismas cualidades no estuvieran al servicio constante de mi tormento. Pero en todo caso, ella no muestra el menor deseo de llegar a una relación amistosa; en eso es honrada y veraz; en eso reside mi última esperanza; sería imposible que la conveniencia de su plan de campaña la llevara a hacerme creer en una relación de ese tipo, olvidándose de sí misma hasta el punto de cometer una acción semejante. Pero la opinión pública, absolutamente incapaz de sutilezas, seguirá siempre pensando lo mismo en este sentido, y siempre se decidirá en mi contra.
Por lo tanto, lo único que me resta es cambiar a tiempo, antes que intervengan los demás, lo suficiente no para anular el rencor de la mujercita, que es inconcebible, sino por lo menos para dulcificarlo. Y en efecto, muchas veces me he preguntado si me agrada tanto mi estado actual que ya no quiero modificarlo, y si no sería posible provocar en mí algunos cambios, no porque me parecieran necesarios, sino simplemente para calmar a la mujercita. Y he tratado honradamente de hacerlo, no sin fatigas ni problemas; hasta me hacía bien, casi me divertía; logré ciertas modificaciones visibles desde muy lejos, no necesitaba llamar la atención de la mujercita sobre ellas, ya que se da cuenta de esas cosas antes que yo, puede percibir por la expresión de mi cara las intenciones de mi mente; pero no logré ningún éxito. ¿Cómo hubiera podido lograrlo? Su disconformidad conmigo es, como bien lo comprendo ahora, fundamental; nada puede hacerla desaparecer, ni siquiera mi propia desaparición; su furor ante la noticia de mi suicidio sería posiblemente inmenso.
Ahora bien, no puedo imaginarme que ella, una mujer tan aguda, no comprenda todo esto tan bien como yo, no comprenda tanto la inutilidad de sus esfuerzos como mi propia inocencia, mi incapacidad (a pesar de la mejor voluntad del mundo) de conformarme a sus requisitos. Seguramente lo comprende, pero como es de naturaleza combativa, lo olvida en el apasionamiento del combate, y mi desdichada manera de ser, que no puedo imaginar diferente porque me pertenece de nacimiento, consiste justamente en susurrar suaves consejos a quien está enfurecido. De este modo, naturalmente, no llegaremos jamás a entendernos. Día tras día saldré de la casa con mi habitual alegría matutina, para encontrarme con ese rostro amargado, con la curva desdeñosa de esos labios, la mirada investigadora (y ya antes de investigar, segura de lo que encontrará) que me explora y a la que nada escapa, sea cual sea su brevedad, la sonrisa sarcástica que abre surcos en sus mejillas adolescentes, la mirada lastimera elevada hacia el cielo, las manos que se plantan en las caderas, para reunir más aplomo, y luego, el temblor y la palidez de la ira al estallar.
No hace mucho -y por primera vez, como advertí asombrado entonces- mencioné algo de este asunto a un buen amigo mío, sólo de pasada, sin darle importancia; con sólo dos palabras le hice un rápido resumen de la situación; tan poca cosa me parece cuando la contemplo desde afuera, que hasta llegué a reducir un poco sus proporciones. Inesperadamente, mi amigo no se desinteresó de la cuestión, sino que por cuenta propia le dio más importancia que yo, no quería cambiar de tema, e insistía en discutirlo. Más inesperado aún fue que él, a pesar de todo, subestimara el problema en uno de sus aspectos más importantes, porque me aconsejó seriamente que me alejara por un tiempo, que viajara. Ningún consejo podría ser más incomprensible; la situación es bastante clara, cualquiera que la estudie de cerca puede llegar a comprenderla perfectamente, pero no es sin embargo tan simple que una simple partida la solucione del todo, o por lo menos en una parte. Nada de eso, tengo que cuidarme mucho de no alejarme; porque si me decido a seguir algún plan, éste debe consistir esencialmente en mantener el asunto dentro de los reducidos límites que hasta ahora ha tenido, no dejar penetrar en él al mundo exterior, o sea quedarme tranquilo donde estoy, y no permitir que el asunto ocasione ningún cambio considerable e importante, lo que significa no hablar con nadie de la cuestión; pero todo esto no porque se trate de un peligroso misterio, sino porque es una cuestión desdeñable, puramente personal, y como tal indigna de tanta atención; y porque no debe dejar de serlo. Por eso las observaciones de mi amigo no fueron totalmente inútiles; no me revelaron nada nuevo, pero fortificaron mi primitiva resolución.
En efecto, si se lo considera atentamente, las modificaciones que con el correr del tiempo parece haber sufrido este asunto, no son modificaciones del tema en sí, sino tan sólo un desarrollo de mi actitud ante él, una indicación de que esta actitud se ha vuelto por una parte más tranquila, más viril, más cerca del fondo de la cuestión, y por otra parte, bajo la incesante influencia de estos continuos sobresaltos, por insignificantes que parezcan, ha provocado cierta alteración de mis nervios.
Este asunto me preocupa menos que antes, porque comienzo a creer que comprendo que por más cerca que hayamos creído encontrarnos de una crisis decisiva, es muy poco probable que ésta ocurra; se está predispuesto a calcular con demasiado apresuramiento, en especial cuando se es joven, la rapidez con que se producen las crisis decisivas; cada vez que mi pequeño juez femenino, debilitado por culpa de mi mera presencia, se dejaba caer de costado en una silla sosteniéndose con una mano sobre el respaldo, y aflojándose los lazos del corpiño con la otra, mientras lágrimas de furor y desesperación corrían por sus mejillas, yo creía que el instante de la crisis había llegado, y que de un momento a otro me vería obligado a dar explicaciones. Pero nada de momento decisivo, nada de explicaciones, las mujeres se desvanecen con facilidad, la gente ni tiene tiempo de ocuparse de sus manías. ¿Y qué sucedió realmente durante todos estos años? Muy simple: estas situaciones se repitieron, a veces más violentamente, a veces menos, y que en consecuencia su suma total ha aumentado. Y la gente acecha en torno, deseosa de intervenir, si pudieran descubrir una oportunidad que se lo permitiera; pero no encuentran ninguna, hasta ahora se han visto obligados a reducirse a lo que podían olfatear en el ambiente, y bastante había como para mantenerlos ampliamente ocupados, pero allí terminaba todo. Pero siempre ha sido fundamentalmente así, siempre existieron esos inútiles espectadores y esos olfateadores, que excusaban su presencia con pretextos ingeniosos, con preferencia de parentesco, siempre espiando, siempre olfateando toda clase de pistas, pero la consecuencia de todo esto es simplemente que allí están todavía. La única diferencia consiste en que poco a poco he llegado a conocerlos, y a distinguir sus caras; en otros tiempos, yo creía que acudían paulatinamente de todas partes, que las repercusiones del asunto aumentaban y provocarían por sí solas la crisis definitiva; hoy creo saber que todos ésos estaban aquí desde mucho antes, y que la crisis definitiva poco o nada tiene que ver con ellos. Y esa crisis ¿por qué la dignifico con un nombre tan pomposo? Suponiendo que algún día -que no será seguro mañana ni pasado mañana ni probablemente nunca- ocurriera que la opinión pública se interesara en este asunto, lo que insisto en repetir, no le compete, no saldré seguramente indemne de dicho proceso, pero también es indudable que tendrán en consideración el hecho de que la opinión pública no le desconoce totalmente, y que hasta ahora siempre he vivido a la plena luz, confiado y digno de confianza, y que esta insignificante y desdichada mujercita, recién llegada a mi vida, a quien, hago notar de paso, otro hombre habría considerado hace mucho como insignificante y, sin llamar en lo más mínimo la atención de la opinión pública, la habría aplastado bajo sus pies; esta mujer, en el peor de los casos, sólo podría agregar un odioso adorno al diploma que desde hace tiempo me certifica ante la opinión pública como miembro respetable de la sociedad. Así están actualmente las cosas, de modo que no tengo muchos motivos de preocupación.
El hecho de que con los años yo haya llegado a sentirme un poco inquieto no tiene nada que ver en realidad con el significado esencial del asunto; es simple: es insoportable ser el constante motivo de ira de otra persona, aun cuando se sabe perfectamente que esa ira es infundada; uno se siente inquieto, se empieza, de una manera puramente física, a eludir las crisis decisivas, aun cuando honradamente no crea demasiado en su posibilidad. Además, esto representa en cierta forma un síntoma de envejecimiento; la juventud lo mejora todo; las características desagradables se pierden en la fuente de vigor inagotable de la juventud; si una persona tiene mirada astuta cuando es joven no se considera un defecto, ni siquiera se advierte, ni siquiera él mismo lo advierte; pero lo que perdura en la vejez son restos, todo es necesario, nada se renueva, todo está expuesto a examen, y la mirada astuta de un hombre que envejece es francamente una mirada astuta, y no es difícil reconocerla. Sólo que tampoco en este caso constituye un empeoramiento real de su condición.
Por lo tanto, de cualquier ángulo que se lo considere resulta evidente, y a esa evidencia me atengo, que si consigo mantener este pequeño asunto bajo control, aun sin esforzarme, todavía podré seguir viviendo durante mucho tiempo la vida que hasta ahora he vivido, imperturbado por el mundo, a pesar de todos los arrebatos de esta mujer."
Franz Kafka
La Amortajada - Extracto
"Reconsidera y nota que de su vida quedan, como signos de identificación, la inflexión de una voz o el gesto de una mano que hila en el espacio la oscura voluntad del destino. Qué absurda, qué lejana debió parecerle a Antonio, en aquel momento, la pasión que abrigó, por la muchacha ahora despeinada y flaca que sollozaba a sus pies y le rodeaba la cintura con los brazos. La cara hundida en la chaqueta de un hombre indiferente, ella buscaba el olor, la tibieza del fervoroso marido de ayer"
María Luisa Bombal
El Árbol - Extracto
"Es el árbol pegado a la ventana del cuarto de vestir. Le bastaba entrar para que sintiese circular en ella una gran sensación bienhechora. ¡Qué calor hacía siempre en el dormitorio por las mañanas! ¡Y qué luz cruda! Aquí, en cambio, en el cuarto de vestir, hasta la vista descansaba, se refrescaba. Las cretonas desvaídas, el árbol que desenvolvía sombras como de agua agitada y fría por las paredes, losespejos que doblaban el follaje y se ahuecaban en un bosque infinito y verde. ¡Qué agradable era ese cuarto! Parecía un mundo sumido en un acuario. ¡Cómo parloteaba ese inmenso gomero! Todos los pájaros del barrio venían a refugiarse en él. Era el único árbol de aquella estrechacalle en pendiente que, desde un costado de la ciudad, se despeñaba directamente al río.
—Estoy ocupado. No puedo acompañarte... Tengo mucho que hacer, no alcanzo a llegar para el almuerzo... Hola, sí estoy en el club. Un compromiso. Come y acuéstate... No. No sé. Más vale que no me esperes, Brígida."
María Luisa Bombal
jueves, 17 de junio de 2010
Older
Dicen que la gente cuando envejece empieza a vivir de los recuerdos.
Hoy me sustentaron sonrisas ensambladas gracias a recuerdos y me sentí como un vejestorio.
Eran más canciones, lugares, olores, sensaciones que se unían para hacerme superar una pena intrascendente.
Volver a lugares, recordar hechos, personas (personajes quizá)
Estoy cada día más vieja.
miércoles, 16 de junio de 2010
[R]Evolución!

[R]Evolución! ahora! ahora quiero revolucionar mi alma y partir de forma agresiva esta forma de ser sumisa. Hacer algo! mover el mundo y remover las metes. Desencadenarme de un contexto que no me permite ser salvaje, ser libre, ser rebelde, ser yo.
Es ahora que me veo en una situación de presión en la que más quiero liberarme, hacer algo con mi vida y mover masas.
No me gustan las cosas así y algo haré.
No más letargo!
Acción AHORA!
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